Apastepeque, San Vicente. — En el silencio del cementerio municipal, entre lápidas y flores marchitas, se alza un pequeño castillo blanco que ha conmovido a toda una comunidad. No fue construido por encargo ni por lujo, sino por amor. Su creador, Daniel Mejía, un humilde albañil, levantó esta obra en memoria de su hija, Greysel...
