
El origen del Día de la Cruz se remonta al siglo IV y está vinculado a la tradición cristiana que recuerda la cruz en la que murió Jesucristo.
En El Salvador, esta festividad tiene un significado especial, ya que además de su carácter religioso, también marca el inicio de la época lluviosa, asociada con la fertilidad de la tierra y las buenas cosechas.
Las cruces son decoradas con guirnaldas o papel de colores, y se les colocan frutas de temporada como mangos, jocotes, marañones y naranjas, símbolos de abundancia y agradecimiento por los frutos de la naturaleza.
Según la tradición, los feligreses participan realizando un acto de devoción que consiste en arrodillarse, santiguarse y tomar una de las frutas colocadas en la cruz, como parte de la celebración.
Esta práctica, que mezcla elementos religiosos y culturales, continúa siendo una de las expresiones más representativas de la identidad salvadoreña.

