KIEV / WASHINGTON / MOSCÚ – 12 de agosto de 2025 — Con la guerra aún activa y los ataques rusos golpeando diariamente varias ciudades, Ucrania enfrenta con creciente alarma la inminente reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin, prevista para este viernes en Alaska.
Desde Kiev, el temor es que la cumbre no traiga paz, sino concesiones peligrosas. Trump ha insinuado la posibilidad de “intercambios de tierras” en referencia a territorios ucranianos ocupados por Rusia, comparándolos con “propiedades frente al mar”.
El gobierno ucraniano ha sido claro: ningún acuerdo puede decidirse sin su participación directa. Volodymyr Zelensky advirtió que aceptar cualquier cesión territorial sería legitimar la agresión rusa.
Las condiciones de Moscú siguen sin cambios: control total sobre Crimea y cuatro regiones del este, prohibición de que Ucrania se una a la OTAN o la Unión Europea, y un gobierno afín al Kremlin.
Analistas internacionales comparan la situación con el Acuerdo de Múnich de 1938, cuando potencias extranjeras decidieron el destino de Checoslovaquia sin su consentimiento.
El exembajador canadiense Roman Waschuk alertó que Ucrania podría estar siendo presionada a aceptar un acuerdo impuesto, bajo amenaza de recorte en la ayuda militar. “La diplomacia parece una fachada para algo ya decidido”, dijo.
Para muchos, incluso si no se firma nada, el solo hecho de que Putin se siente como igual ante un presidente estadounidense es ya una victoria simbólica. “Putin solo necesita la foto”, comentó un residente de Zaporizhzhia.

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